lunes, abril 28, 2008

Oposiciones o master



Cuando se sale del calor de la Universidad se siente de pronto mucho frío. Y es lógico porque, por desgracia, la preparación académica que hoy se obtiene en las universidades es muy débil.
Los jóvenes licenciados en Derecho se plantean frecuentemente esta disyuntiva: preparar unas oposiciones o cursar un máster en una escuela reconocida. Los recién licenciados están inquietos ante un futuro que se les ha echado encima sin apenas darse cuenta.Tanto por mi trabajo como registrador de la propiedad como por mi actividad docente, me encuentro con abogados en ciernes que están muy peces en cuestiones básicas de Derecho Civil, Mercantil y Administrativo. No me refiero a cuestiones complejas, rebuscadas o muy novedosas, sino a instituciones fundamentales de la ciencia jurídica sin las cuales no se puede soñar con entender construcciones más avanzadas.Me refiero al principio de fe pública, a la teoría del título y el modo, al concepto de accesión, de personalidad jurídica, o de acto administrativo. Aunque aquí quiero hacer una salvedad y también dar un toque de atención a quien corresponda: sorprende la buena formación que traen los estudiantes iberoamericanos, y también, por qué no decirlo, su asombrosa capacidad de sacrificio y su hambre infinita de aprovechar las enseñanzas que aquí vienen a recibir.Lo cierto es que una vez que los alumnos ganan confianza con el profesor que proviene de las oposiciones de alta exigencia como la de registrador, notario o abogado del Estado, se van soltando y cuentan sin reparos sus preocupaciones y miedos. Sorprende que ellos mismos se excluyan de la empresa opositora; siguen pensando en un mundo cerrado, oscuro, de pijama y tabaco negro sólo apto para marcianos de enorme memoria. Están equivocados. Para preparar oposiciones sólo hace falta tener la actitud adecuada y unos mínimos de capacidad comprensiva y retentiva que están a disposición de casi cualquier licenciado en Derecho. Además, Internet permite ahorrar mucho tiempo en la labor de procurarse la información. Tiempo que puede usar para disfrutar con sus amigos sin sentirse el Conde de Montecristo. Tampoco es fácil la vida del joven abogado con máster en la empresa privada, pues tendrá que invertir las mismas horas que el opositor durante cinco o seis años para llegar al mismo sitio.Si los caminos son igualmente duros, ¿qué es mejor, unas oposiciones o un máster? Un profesional no es mejor o peor por los diplomas que cuelgan en su pared, sino por los conocimientos que tiene y sabe aplicar. El necio con títulos seguirá siéndolo. Teniendo en cuenta que hoy la Universidad no es fuente de conocimiento real, el esfuerzo que el futuro profesional tiene que hacer extramuros es mucho mayor. Para un opositor constante no tendrán secretos las instituciones básicas del Derecho y sabrá asimilar por su capacidad de interrelación cualquier novedad. El máster dará unos conocimientos prácticos también sólidos, pero sobre todo proporcionará una experiencia vital y social de valor incalculable para el lobezno que empieza a afilar dientes en la piedra jurídica. Oposiciones o máster no son sino el comienzo de una carrera sin fin en la formación, pues el primer deber de un profesional es reciclarse sin descanso.Por ahora no creo que haya diferencias entre uno y otro camino, porque los dos entrañan ventajas, riesgos y sacrificios. Sin embargo, la reforma universitaria en ciernes, así como la aplicación de la Ley de Acceso a las Profesiones de Abogado y Procurador, pueden inclinar muy injustamente la balanza en perjuicio de los opositores no aprobados, tradicionalmente valorados por los bufetes, respecto a los alumnos de máster. Pero eso es objeto de otro artículo.

Vía: Expansión

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