sábado, diciembre 22, 2007

Tu auxiliar oposita


En el mundo hay personas que llevan la aventura en el alma y solo se realizan cuando dan la vuelta al mundo en bicicleta, cruzan las cataratas del Niágara sobre un hilo de tender o ascienden al Everest con los ojos vendados. Ninguna de esas personas suele trabajar en la Administración, y es lógico que así sea, porque los funcionarios son de otra pasta. Les agrada la seguridad y les resulta sencillo acomodarse a la rutina. En la Administración cada quién tiene su papel asignado y se limita a cumplirlo, por más que con los ordenadores algo haya cambiado, porque ahora hay jefes que escriben ellos mismos sus informes. De todos modos no es eso lo normal. Lo acostumbrado es que el jefe dicte, que para eso es jefe y sabe mucho, que el auxiliar escriba lo que le entra por los oídos sin analizarlo, y que cada quien desempeñe su papel sin sobresaltos ni estridencias, que por algo el mundo funcionarial es mundo de rutinas. Solo un acontecimiento puede dinamitar el pacífico discurrir de la vida administrativa: Que el auxiliar prepare oposiciones.
Me explico. Imagine que usted es el jefe y que su auxiliar tiene aspiraciones de convertirse en administrativo y decide opositar. Le compadezco, amigo, porque su credibilidad quedará en entredicho y la fe que le profesa su subordinado desaparecerá sin dejar rastro. Para empezar le preguntará si puede recomendarle a algún miembro del Tribunal y si usted le responde que no tiene tanta amistad con ninguno como para echarle un cable, torcerá el gesto. Luego, en el momento más impensado, su auxiliar, que jamás antes puso en tela de juicio su sabiduría administrativa, le pedirá ayuda para resolver un caso práctico que le ha planteado su preparador de oposiciones. Tal vez usted se encoja de hombros y diga «Vamos allá» luciendo una sonrisa displicente. Le aseguro que esa sonrisa se disipará de inmediato, porque el caso práctico le parecerá absolutamente incomprensible y kafkiano.
Como su auxiliar no espera de usted balbuceos, sino soluciones, es fácil concluir que su ascendiente sobre él, basado en un superior conocimiento de los usos administrativos, quedará irremisiblemente deteriorado. Y todavía no apuró usted el cáliz hasta las heces. Quizás crea olvidado el incidente del caso práctico -y empleo el singular porque su auxiliar jamás volverá a pedirle ayuda en tal materia- y, con total placidez de ánimo, esté dictando un informe que considera particularmente acertado e incluso brillante.
Un consejo: Prepárese para lo peor. Es muy posible que, a media frase, el auxiliar deje de teclear y le indique que todos y cada uno de los preceptos legales que está alegando se encuentran hace años derogados. Imagínese el papelón cuando él le hable de leyes y decretos plenamente vigentes de los que usted nunca jamás oyó hablar. En un dos por tres pasará de jefe clásico a ídolo caído, a juguete roto, a cachivache, y no le quedará otra solución que ir a ver al Presidente del Tribunal de oposiciones, arrodillarse ante él y suplicarle que, por lo más sagrado, apruebe al auxiliar para que así ocupe un nuevo destino, cuanto más lejos mejor. Luego usted pedirá que le envíen a otro funcionario sin aspiraciones y podrá recuperar la tranquilidad de espíritu y dictar sin peligro de que le enmienden la plana.

Vía: levante-emv.com

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