jueves, enero 24, 2008

La digitalizacion de las chuletas pone en jaque los examenes de oposiciones

Son las siete de la mañana. Los moradores de un piso de estudiantes apuran las horas antes del examen. ¿Estudian? En el cuarto de baño, el examinado, como si del sacerdote de un culto arcano se tratara, se afeita el pecho y adhiere a su piel un pequeño micrófono mientras repite: "Probando. Probando. ¿Me oyes?". La red de espionaje llega hasta la universidad. "Alto y claro. En el aula hay cobertura completa. ¿Qué tal me oyes tú?".El examinado se sonríe. El auricular es tan pequeño que es incapaz de detectarlo en su propio reflejo. Sabe que el examen le saldrá perfecto. "¡Y sin haber pegado palo al agua en todo el año!".


Los estudiantes comenzaron a copiar el mismo día que se inventaron los exámenes. Ya en algunas estelas sumerias se describe el castigo –50 latigazos– que el alumno podía recibir si incurría en alguna falta deshonesta con el profesor. Desde entonces, se han inventado todo tipo de artimañas para engañar a los docentes: copiar a otro alumno más estudioso, notas correosas en el dorso de la siempre sudorosa mano, larguísimas lecciones miniaturizadas en chuletas, el bolígrafo tallado con los hitos de la dinastía Antonina.
Pero la aparición de los teléfonos móviles y otros gadgets han terminado por dejar obsoleta estas técnicas: En la actualidad la tecnología es la mejor aliada de los alumnos para obtener el anhelado e inmerecido resultado académico. El uso de las telecomunicaciones para copiar en los exámenes no es nuevo: ya en los años 30 era práctica habitual que los alumnos intercambiasen información utilizando sus plumas para emitir mensajes en código Morse.


Sin embargo, la tecnología ha evolucionado y, en la actualidad, el teléfono móvil y el célebre auricular –dígase lentejita o pinganillo– no es sólo un recurso de los alumnos más perezosos sino también es un lucrativo negocio. Según La Tienda del Espía, las ventas de estos artilugios se multiplican por 20 en los meses de junio y agosto.


El kit completo compuesto por auricular –prácticamente invisible– y micrófono para colocar bajo la camisa cuesta 650 euros. Algunos lo utilizan para su uso exclusivo. Otros, los más oportunistas, además lo alquilan. No es difícil dar con los usuarios del pinganillo. La mayoría se vanagloria de su picaresca. Es el caso de Fernando, licenciado en Derecho y un maestro del intrincado arte de copiar con pinganillo. "Es fundamental no hablar y mentalizarse de que nadie oye lo que te dictan. Yo me sentaba al lado del profesor para que quien me soplase las preguntas las oyera. Si no las dictaba, yo le preguntaba hasta que me la explicaban en voz alta". Tan importante como contar con un buen equipo y estar coordinado con el ayudante, es no pecar de soberbia. "Hay que evitar levantar sospechas. Si nunca vas a clase, no puedes sacar una matrícula de honor, basta con aprobar. Yo me licencié gracias a este sistema, pero menos mal que ya he terminado porque creo que ahora ponen inhibidores de frecuencia para anular la cobertura del móvil en las aulas", relata Fernando.

¿Pasará esto tambien en las oposiciones?

Vía: El Mundo

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